“El que ama el dinero, no se saciara de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacara fruto. También eso es vanidad”.
Eclesiastés 5: 10
La sociedad actual ha perdido completamente el rumbo.
Hemos permitido que los bienes materiales se conviertan en el norte de nuestras vidas, rendimos culto al dinero sin detenernos a ver que esta carrera alocada por tener y tener nos esta llevando irremisiblemente a la desintegración total.
El dinero como tal, no es más que un medio de intercambio al que se le atribuye un valor relativo, determinado únicamente por apreciaciones subjetivas. Relativo porque como recurso de intercambio solo sustituye el sistema de comercio de los precursores de la humanidad, quienes ante la carencia del dinero como tal, utilizaban el trueque como medio para adquirir los bienes que necesitaban. Su valor es relativo porque el valor real o absoluto que puede tener un articulo determinado para cada individuo es muy subjetivo y corresponde a la percepción de lo que son sus necesidades.
Nos han vendido la idea de que el dinero es el centro del mundo y que de el depende nuestra felicidad y bienestar. Si asumimos esta premisa como una realidad, caemos entonces irremediablemente en un círculo vicioso que termina convirtiéndonos en personas vacías e insatisfechas.
Somos bombardeados incesantemente por una publicidad que nos lleva al convencimiento de que debemos hacer lo que sea para poder ser “alguien” a través de la obtención de dinero y bienes materiales. Nos llevan a una convicciòn de que somos cuanto tenemos, nos empujan hacia la obtención de bienes que en su mayoría no necesitamos.
Nos hacen esclavos del consumismo, puesto que este es el alma del capitalismo rampante que nos agobia hoy; un capitalismo que lo único que ha hecho es acentuar la brecha existente entre los miembros de la sociedad. Ese capitalismo que se lucra de la ignorancia, y que promueve la explotación del hombre por el hombre.













CIUDAD DEL VATICANO .- El papa Benedicto XVI lamentó el sábado que los escándalos de abuso oscurezcan la reputación de la iglesia católica como un lugar de esperanza, pero insistió en que algunos sacerdotes de mal comportamiento no pueden eliminar el bien que hace la iglesia.
Es lamentable constatar que los dos partidos mayoritarios dominicanos gozan de un desprestigio evidente para los ciudadanos conscientes que aborrecen la corrupción y todas sus secuelas. Ambos partidos nos han desgobernado en uno u otro momento. De eso no hay lugar para duda. Las exorbitantes fortunas acumuladas por los líderes de esos partidos es una muestra fehaciente de que se han enriquecido ilícitamente a costa de las arcas públicas.
Foto: Uno de los exploradores muestra la estructura de madera que, afirman, es el Arca de Noé























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