Soy de agua, con la arena, las piedras y las hojas que caen de los árboles en mis orillas. Soy de agua, sin ellos no existo.
Me han arrebatado todo eso, pero ahora estas lluvias me han hecho renacer. Siento como el agua corre con un ímpetu casi olvidado, y a la arena protectora acomodándose en mí, evitando que mi lecho asolado absorba ese líquido vital.
Me regodeo en esta abundancia que hace mucho tiempo no sentía y oigo en mis honduras el topeteo alegre de las piedras, creando coquetas espumas.
Ahora de nuevo me siento ser un río, llevando en mi corriente ramas traviesas, porque no lo era aquel árido camino zigzagueante que daba pena mirar, con los secos pedruscos ardiendo al sol, porque un río sin caudal de vida no lo es.
Han caído torrentes de lluvia, los que llevo enardecido sin detenerme, y siento pesar por el daño involuntario que a veces causo al desbordarme, pero a la vez temo a cuando cesen y que esas aguas que soy ahora se vayan perdiendo en el mar o evaporándose a causa de esos rayos candentes que no me tienen pena.
Ya no están mis orillas arboladas, las que con su sombra aminoraban el poderío del sol, protegiéndome solidarias, ni ya quedan raíces que sostengan ese precioso líquido del que estoy hecho y que iba llegando poco a poco hasta mí ayudando a aminorar mi caudal.
Es esta una euforia momentánea que quiero vivir con estas lluvias que me han devuelto algo de mis fuerzas y me han ayudado a arrastrar de mis riberas esa basura odiosa que hace aún más tétrico mi desamparo.
Como quisiera quedar con esta líquida abundancia, apresar este tesoro, retratar el cielo y darme a tantos que necesitan de mí.
Voy a vivir a plenitud este renacimiento que me llena de vida porque pronto volverá la aridez y la soledad, y entonces esperaré otra vez que vuelva con las lluvias esta mentira del renacer.
-Dedicado al Río Nigua y todos los ríos del mundo.-